
Síndrome de Quervain
Un blog para hablar de videojuegos, de los que te hacen estar pegado al sillón y de los que te hacen saltar de él.
No ha sido por tener la carrera de periodismo ni una ingeniería de sistemas. No soy técnico informático, no sé diseñar entornos, escenarios ni personajes (por no poder, no puedo dibujar ni un mal monigote). Pero, humildemente, me avalan una gran cantidad de horas ante videoconsolas y juegos, me han salido ampollas en los pulgares (no exagero) y uno de los síntomas que más rápido me afecta es que se me resecan los ojos por no parpadear. Con este historial, me pidieron que llenara este espacio hablando sobre algo que supuestamente conozco bien.
Pensando en qué juego comentar, comencé a recordar los que más me han gustado y entre unos y otros me oí a mí mismo diciéndome … “qué friki eres”. Automáticamente me sentí etiquetado y pensé que, si yo me estereotipaba, qué pensaría el resto.
Siempre estuve en desacuerdo con algunos de los lugares comunes que acompañan a esta industria:
• El jugador de videojuegos es un friqui.
• No es dado a la relación social (fue el arrinconado en el patio del cole).
• Los videojuegos son dañinos, te atontan.
• Te aislan del mundo y te hacen confundir la realidad.
Y así podria seguir, seguro que alguno de vosotros se acuerda de alguno más.
Por ello he estado pensando, ¿realmente quién juega? La mejor respuesta la encontré en las conclusiones de un encuesta de la empresa Gallup del año 1982, ¿la conclusión? TODOS (y de mi propia cosecha, hasta el gato).

La imagen que el cine, la televisión y la literatura han generado corresponde a los primeros ingenieros informáticos de mediados de los años sesenta. Hoy en día, los compañeros del trabajo, el vecino, nuestro sobrino de cinco años (antes se les consideraba muy pequeños para que entendieran el juego, hoy son ellos los que nos configuran los equipos) y nuestras parejas juegan igual, más y mejor que nosotros, y no me refiero a los juegos de gimnasio, o de bailar y cantar, no.
Me consta que hay por ahí más de una comandante de unidad especialista en tácticas y explosivos, chicas que te hacen sentir como un tercera regional ante un Real Madrid o Barça, y mis preferidos, los adolescentes de doce años a los que sólo podemos ver al final de la insignia de nuestro deportivo antes de que tomen esa curva y crucen la meta los primeros.

Hay una segmentación muy especializada del mercado: por edades, por tipo de juego, por sexo, por poder adquisitivo, por decisión de compra, etc. Pero la mayoría se inclina por dos grandes grupos.

Jugadores HARDCORE son los que, además de jugar muchas horas seguidas, son dados a especializarse en un tipo específico de género de juego (muchos de ellos formados por sagas con varias ediciones), están pendientes de los lanzamientos, compran las ediciones extensas y con extras (aunque sean más caras), y el merchandising. Este tipo de jugador ve el asunto como un arte o como una competición y concibe los videojuegos como experiencias completas, con más elementos como la música, la trama, personajes y ambientación.
Casual Gamers, esos que eligen los juegos de una manera más aleatoria, guiándose por el precio (esperan a que se rebajen o a la salida de las llamadas ediciones platino). Estos jugadores sólo buscan llenar instantes específicos de ocio con elementos de jugabilidad que distraigan y entretengan.

Antes de terminar quiero hacer mención a las advertencias y consejos de seguridad y salud que vienen en los videojuegos. Cada vez son más las recomendaciones, pero la que más me llama la atención es esa que indica que por cada hora jugada se deben descansar quince minutos. Aunque reconozco que generalmente no la cumplo, las veces que sí me acuerdo de ella puedo afirmar que en efecto no terminas tan cansado ni acartonado como cuando comienzas una partidita a las siete de la tarde y a duras penas apagas la consola a la una de la mañana (si hasta he soñado con el juego, e incluso una vez creo haber encontrado la estrategia correcta para pasar el nivel mientras dormía).
Soy más sociable de lo que me gustaría, no tengo miedo escénico ni a hablar en público, no me siento en un cuarto a oscuras con el único brillo de la pantalla del televisor, por ello finalmente creo poder afirmar que soy un friki, pero de los normalitos.
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