
Cuando le preguntan por el estilo de gestión del fondo de renta fija Liberbank Ahorro y su fondo de pensiones gemelo –el Plan 2000-, ganadores de varios premios, Elena Palacio no duda en contestar que realiza una gestión de ama de casa. “Es el contrapunto a la sofisticación, una vuelta de tuerca en el back to basis”, explica, un concepto que, tras la negativa experiencia de la crisis, ha recuperado fuerza. “Se trata de recuperar la sensatez, el trabajo diario y tratar de sacar el máximo provecho a los recursos disponibles, comprando en tu tienda habitual, con tu tendero de confianza, productos de oferta y que conoces muy bien y, sólo de vez en cuando, añadiendo alguna delicatessen a la cesta de la compra”.
Un paralelismo que se traduce en la presencia en sus carteras de bonos corporativos, deuda financiera senior o cédulas hipotecarias de los mejores nombres. Productos muy básicos y de calidad, con una vigilancia diaria de asuntos como la reinversión de cupones o la atención a los vencimientos.
De hecho, cuando empezó la crisis y muchos fondos empezaron a tener problemas de valoración, fue cuando Liberbank Ahorro comenzó a despuntar, sorteando no sólo el riesgo de mercado sino también los problemas de liquidez que sufrieron otros productos. Además, su patrimonio ha crecido desde entonces por dos razones: por el empuje comercial que le ha dado la red del grupo Liberbank y tras la absorción de algunos fondos de la gestora de Caja Cantabria.
Elena Palacio gestiona el fondo desde hace siete años, periodo en el que ha mantenido su estilo de gestión, y apunta que la incorporación del consejero delegado, Jose Ramón Arecederra, antiguo responsable de Tesorería de Cajastur, ha enriquecido la estrategia con una visión de cartera a vencimiento, un estilo “buy and hold” en la línea del que realizan las entidades financieras con su cartera propia. Aunque ésa no es su filosofía final.
De hecho, aunque recomienda al inversor una permanencia de entre 18 y 24 meses, la gestora se decanta rápidamente por los vencimientos cortos, con los que se encuentra más cómoda. Así, las letras del Tesoro constituyen “el caldo”, la base de la cocina mediterránea de sus fondos junto a los pagarés (gracias a su gran oferta de plazos y a la diversificación que aportan) y las cédulas hipotecarias. También solían serlo los depósitos, pero ya están más descartados debido al riesgo bancario y al tipo menos atractivo que ofrecen.
Por eso, Palacio da la bienvenida a la nueva ley de IIC, que permite flexibilizar las inversiones y adaptarlas al rating que en cada momento tenga la deuda pública. En su caso, ya han ajustado la política de inversiones de algunos folletos y podrían hacerlo con más fondos dependiendo de las circunstancias. “Con la nueva ley, cada vez es más importante el papel del gestor y tiene menos validez el factor rating, que determinaba en qué activos se podían invertir y en cuáles no”, explica, pues en la entidad optan por poner al gestor los menores obstáculos posibles. Y es que las agencias de calificación no son precisamente sus tenderos de confianza.
Aunque Palacio cuenta ahora sólo con un 15% en deuda pública española (incluyendo emisiones avaladas y sólo en letras, excluyendo bonos y deuda de las comunidades autónomas), cree que hay que asumir el riesgo país y explicarlo muy bien, mejor que nunca. “En el mejor de los casos, veremos en los próximos meses un escenario similar al actual, con la prima de riesgo consolidada por encima de los 500 puntos básicos y una forma de la curva más similar a la de Portugal que a la de Grecia o Irlanda”, afirma con respecto a la situación de la deuda pública.
Palacio espera un contexto complicado para la deuda periférica pero también para los países core, donde una potencial rebaja de Alemania podría abrir la veda a otras noticias negativas. Por ello, ha vendido la deuda alemana que sí tenía en cartera el año pasado. “Ya no es el paraíso que era. Sigue manteniendo su condición de refugio pero la situación de la zona euro le perjudicará”, afirma, mencionando los exiguos tipos que ofrece, en algunos plazos negativos, algo que “va contra la lógica”.
Un posible rescate en otoño
Con respecto al rescate a España, cree que, de producirse, no será antes del otoño, pues en verano no hay que cubrir vencimientos importantes. “Es un paso sustancialmente mayor al rescate de Grecia o Portugal y, de ocurrir, se disfrazará o suavizará al igual que sucedió con el del sector financiero, que eufemísticamente se bautizó como línea de liquidez”. Para la gestora, el BCE podría comprar deuda para ganar tiempo, aunque cree que el efecto se diluye cada vez más rápido y es consciente de que sólo serviría como parche.
Para tener una solución definitiva, se necesita ver decisiones políticas contundentes, coordinadas y en una única dirección. “Para equilibrar una economía doméstica la austeridad es una receta que funciona, pero esto no es extrapolable a la macroeconomía, que además de austeridad necesita políticas de estímulo al crecimiento”, afirma.
Básicos y delicatessen
Sus carteras tienen un peso importante en pagarés, deuda corporativa (que le gusta, pero no incrementa debido a su alto precio, en el que ve síntomas de burbuja) y deuda senior de entidades financieras de calidad y diversificada geográficamente, aunque se plantea reducir este último segmento cuando los precios que se paguen sean más razonables. También ha incrementado este año su posición en cédulas hipotecarias de bancos de calidad, atraída por sus rentabilidades históricas y su estabilidad en momentos volátiles.
Con respecto a las delicatessen que de vez en cuando se permite en su cocina, Palacio habla ahora de su exposición a divisa no euro, que puede alcanzar el 10% del fondo y ahora está en el nivel máximo, sobre todo en dólares y en menor medida, en francos suizos y libras; un factor que explica gran parte de su éxito en los últimos años.
“No creo que se necesite una gran cocina para obtener productos de calidad”, resume. En Liberbank Gestión se aplica su estilo de gestión a sicav, fondos monetarios, de renta fija, mixtos y planes de pensiones. El caldo es el mismo para fondos monetarios y de renta fija, aunque con vencimientos distintos, pues sus monetarios se nutren sobre todo de pagarés y letras, y tienen menos deuda corporativa, bonos senior y cédulas.
Su reto de futuro es “no dar disgustos a los inversores”, algo posible si se marca el objetivo de superar a la inflación con una volatilidad razonable, pero sin pretender grandes rentabilidades y siendo siempre conscientes de los riesgos. “No queremos posiciones agresivas, sino inversiones básicas y equilibradas, como en la buena cocina”, apostilla.
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