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Desmontando los mitos que acompañan a las compañías de pequeña capitalización

Lauren Romeo, gestora del fondo Legg Mason Royce Smaller Companies

Óscar R. Graña | 17 abril del 2012 - 19:07 hrs.
Lauren_romeo

A menudo, la inversión en empresas de baja capitalización bursátil se asocia a algunos rasgos identitarios que en muchos casos no se ajustan a la realidad. Desmontar esas ideas preconcebidas no es fácil, si bien para ello es necesario conocer cuáles son, para que poco a poco éstas dejen de estar arraigadas en la mente del inversor. Lauren Romeo, gestora del fondo Royce Smaller Companies de Legg Mason Global Asset Management y con más de 18 años de experiencia en compañías de baja capitalización, desmonta uno a uno los mitos que, en su opinión, envuelven a esta categoría.

 

En primer lugar, está la creencia de que las empresas de pequeño tamaño son, por norma, de menor calidad que las de gran capitalización. Nada más lejos de la realidad. “Durante más de una década, los niveles de deuda de las small caps han sido consistentemente más bajos que los mostrados por las compañías de mayor tamaño”, afirma Romeo. A su juicio, la solidez mostrada por estas empresas en el periodo 2008-2009 ha sido un buen test para demostrar la robustez de sus negocios. “Muchas de ellas han salido de la crisis mucho mejor de lo que han entrado”, indica.

 

Otra característica que se suele achacar a esta clase de compañías es el hecho de estar centradas exclusivamente en el negocio doméstico. “Tampoco es cierto”, asegura categórica Romeo. “En el caso de Estados Unidos, muchas de las empresas de pequeña capitalización generan más del 40% de sus beneficios fuera del país”. De este modo, tratar de vincular el negocio de una determinada empresa al mercado doméstico no sería correcto, ya que en muchos casos los ingresos no provienen de una única fuente.

 

Mito número tres: las compañías de menor tamaño descuidan la política de retribución al accionista. Falso. Tan es así que algunas de ellas ofrecen retornos muy elevados al ser empresas con un negocio muy consolidado siendo incluso capaces de dominar su mercado. En este sentido, las compañías con unos balances más fuertes son las que están en condiciones de sobrevivir mejor en tiempos de dificultades y, además, las que tienen mayor capacidad para adoptar una política retributiva más consolidada, indica la experta.

 

Y, mito número cuatro: las small caps sólo se comportan mejor cuando el crecimiento del PIB es sólido y robusto. Según las cifras en las que se basa Romeo, esto no es correcto. “Los datos históricos demuestran que desde el año 1990 las empresas de pequeña capitalización estadounidenses han sido capaces de batir claramente al PIB en los últimos quinquenios, superando en la mayoría de los casos a las de mayor tamaño en estos periodos”, asegura la gestora de Legg Mason.

 

Así, por ejemplo, entre el año 2005 y el 2010, las ganancias registradas por el sector alcanzaron el 4,5%, frente al 0,9% que creció el PIB o el 2,3% al que avanzaron las empresas de gran capitalización. Lo mismo ocurrió en los lustros anteriores, a excepción del periodo 1995-2000, cuando su comportamiento volvió a batir al PIB al subir un 10,3% (el PIB estadounidense lo hizo un 4,3%), pero no así a las ‘large caps’, que ganaron un 18,3%.

 

Estrategia del fondo

Actualmente, las valoraciones que ofrecen las small caps son, en opinión de la gestora del Legg Mason Royce Smaller Companies, muy atractivas, al cotizar incluso con un descuento del 13% con respecto a las de gran capitalización. “Muchas de las malas noticias que se esperan han sido ya descontadas por el mercado”, asegura la experta. En su opinión, la estrategia del fondo que gestiona pasa por crear una cartera de entre 90 y 100 valores a partir de la selección de un universo de 1.500 compañías cotizadas en el mercado de renta variable americano.

 

“Para ello, nuestros gestores tienen que tener la habilidad de reaccionar rápidamente a las oportunidades que se van presentando en el mercado”, afirma Romeo. “Todo ello, con el objetivo de ofrecer rentabilidad a nuestros inversores a largo plazo”. La cartera se divide en tres partes: el 30% se destina a las mayores convicciones; el 40% a invertir en empresas donde la confianza esté creciendo y el 30% restante se destina a valores en los que la posición en la cartera se está empezando a construir.

 

“El comportamiento de hoy de nuestro fondo es resultado de las decisiones tomadas hace dos años”, asegura Romeo. En los últimos cinco años, la rentabilidad del Legg Mason Smaller Companies se sitúa en el 3,79%, frente a la subida del 2,1% del Russell 2000, índice de referencia. Desde que hace ocho años se creara el fondo, este producto consigue cosechar una rentabilidad del 8,3%, tres puntos por encima del Russell 2000.
 

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