
En mayo de 2002, en plena crisis de la burbuja tecnológica, en la resaca de la escalada global del terrorismo, con los escándalos corporativos en EE. UU. y caminando hacia la 2ª guerra del Golfo, muchos clientes portugueses que hasta entonces se relacionaron con la bolsa a través de los servicios del broker de Espírito Santo Investment Bank solicitaron que fueran los especialistas de la firma de bolsa los que hicieran de forma discrecional la gestión de la parte de su patrimonio en bolsa. Reconocían que el cambio que se producía en el mundo llevaba a que la gestión de las carteras en bolsa fuera más exigente, en términos de know-how y de tiempo, y querían dejar el proceso en manos de especialistas.
En esta demanda iba implícita la solicitud de que se mantuvieran los objetivos y motivaciones que les habían llevado antes a asumir riesgos en bolsa. Entre ellos, la idea de que sólo la convicción debía mover la asunción de riesgos y de que el objetivo era obtener el retorno absoluto. Para aquel grupo de clientes, el comportamiento relativo no les servía de consuelo en el momento de asumir las pérdidas. Por otro lado, la aversión al riesgo era natural en todos, por lo que sólo la convicción de un retorno absoluto interesante los llevaba a asumir riesgos, lo que equivale a decir que sólo en la liquidez (no en el riesgo) encontraban refugio. Nunca en la copia de un índice.
Fue, inspirados por esta demanda, por lo que el equipo de ES Investment Bank formalizó la actividad de gestión de activos hace diez años y desarrolló un proceso de inversión activa, con el objeto de un retorno absoluto a medio y largo plazo, que se siente atraído por la liquidez cuando la convicción no le gana a la prudencia, y que evalúa los resultados a través del retorno por unidad de riesgo (índice de Sharpe), explicando a todos sus clientes que no todos los 10% son iguales siendo el riesgo soportado para obtenerlos lo que los distingue.
Por haber mantenido absoluta coherencia en el modelo a lo largo de estos diez años, hecho favorecido porque los tres fundadores aún hoy forman parte fundamental del equipo, y también por haberse gestado en un clima de extrema incertidumbre y volatilidad como fue el año 2002, el estilo se mantiene adecuado para lidiar con la incertidumbre y volatilidad de los últimos años. Esto explica la capacidad de protección que la gestión ha mantenido desde 2007, no sólo evitando los abultados perjuicios generados por la totalidad de los mercados en el período sino consiguiendo incluso revalorizar un poco, cerca del 3%, las carteras.
Junto con la presencia cada vez más global del grupo Banco Espírito Santo con equipos de análisis en una serie amplia de mercados (Portugal, España, Reino Unido y Pan Europeo, Polonia, Brasil, África del Sur), el behavourial finance tiene un papel muy valioso en el proceso de inversión permitiendo que el equipo asuma una postura contraria a las emociones predominantes en los momentos en que ellas asumen una dimensión más extrema. Esa capacidad de ser contrario al consenso hace que la gestión esté especialmente dotada para ver en la propia volatilidad una oportunidad. Fue exactamente en ese contexto que, con un mercado que desde mayo de 2002 generó en términos de retorno absoluto un resultado negativo, la gestión consiguió obtener más del 60% de retorno absoluto. En agosto de 2009, se decidió crear un nuevo vehículo, el Espirito Santo Trading Fund, para llevar esta filosofía de gestión a otros mercados, producto que a inicios de 2010 se empezó a distribuir en España.
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