
“Aunque la evolución del apetito por el riesgo a nivel global dictará el panorama a corto plazo para la deuda soberana emergente, las entradas estratégicas de capitales parecen alentadoras, así como la disposición de algunos bancos centrales a intervenir en los mercados para amortiguar las fluctuaciones de los tipos de cambio”. Así lo creen los expertos de renta fija de BNY Mellon, al considerar que los países emergentes siguen mostrando un panorama de crecimiento mejor que el de sus homólogos desarrollados, y sus balances soberanos son, por lo general, más sostenibles.
En un artículo publicado en la Newsletter que la entidad distribuye entre sus clientes, los expertos de renta fija de la firma señalan que las políticas fiscales más estrictas y los menores niveles de endeudamiento de muchas de estas naciones reflejan una posición presupuestaria generalmente buena y limitan el riesgo de emisiones adicionales inesperadas, lo cual favorece a la deuda local. “Además, la ralentización del crecimiento económico global debería moderar las presiones inflacionarias, pese al encarecimiento de algunas materias primas agrícolas. Ello nos ha llevado a elevar nuestro posicionamiento de duración de infraponderación a neutral con respecto al índice”, afirman.
En ciertos países que continúan enfrentándose a mayores presiones inflacionarias pese al bajón económico mundial, como Turquía y Tailandia, la gestora reconoce haber sustituido algunas tenencias por deuda indexada. “La clase de activo también aporta importantes ventajas de diversificación, ya que los universos de inversión de renta variable y deuda pública tienen ponderaciones muy distintas en sus principales regiones y países”. Si se deja de lado la volatilidad a corto plazo, en BNY Mellon creen que la deuda emergente local seguirá siendo un elemento importante de las grandes carteras, además de una fuente de rendimientos positivos y estables para los inversores con horizontes a largo plazo.
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